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Revendiendo el fanatismo
De octubre a enero, Venezuela respira beisbol. El deporte nacional es capaz de robarse los titulares de la prensa, sin importar el peso de las declaraciones del presidente de turno, o lo que esté ocurriendo alrededor del mundo. “Nosotros desayunamos, almorzamos y cenamos pelota, está en nuestra sangre”, comenta el periodista deportivo Ricardo Gómez, integrante del circuito radial de los Tiburones de La Guaira.
El crecimiento de la asistencia al campeonato profesional es tangible: la venta de boletos se incrementó en un 14 por ciento en la temporada regular 2008-2009, en comparación al año pasado, según cifras de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVPB). Sin embargo, muchos fanáticos se quejan de que es imposible presenciar un juego en el estadio por las largas colas para adquirir sillas y la reventa de entradas. “Seis horas aquí parado y nada (…) esto no avanza, pero ves que los revendedores tienen 40, 50 entradas para cualquier localidad. Por eso es que uno no viene al estadio”, comenta Yoel Pérez, un técnico de audio que quedó con las manos vacías y no podrá presenciar el clásico Caracas-La Guaira en el coso de la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Mientras Yoel camina de vuelta al Metro, tres o cuatro personas se acercan a él. “tengo palco, sillas, gradas para esta noche”. Se detiene y pregunta: “¿A cómo las tienes?”. Sus ojos dan vueltas al oír la respuesta, su cara pasa de tener un rayo de esperanza a un gesto iracundo como el de un volcán a punto de explotar. “Doscientos el palco mi pana, ciento cincuenta la silla”. Pérez emita un bufido y sigue su camino hasta desaparecer en las escaleras del subterráneo.
El fenómeno de la reventa no es nuevo en el beisbol profesional venezolano, pero la nueva oleada de fanáticos está sufriendo las consecuencias de años de indiferencia por parte de autoridades, oficiales y equipos de la LVPB y de los propios usuarios que adquieren su boleto de manera ilícita: doscientos bolívares fuertes es casi el triple del face value del boleto que Yoel pretendía adquirir.
Mafias en acción
En la salida de los estacionamientos de los estadios de la UCV se encuentran “Juan” y “Pedro”. Cada uno tiene en la mano un manojo de tickets para el encuentro entre Leones y Tiburones, en todas las localidades. “No te la puedo bajar de 180, varón –comenta uno- si no, no llevo la papa esta noche”. Al inquirirles por el altísimo costo de la entrada, revelan una intrincada serie de conexiones entre ellos, los efectivos de la Policía Metropolitana (PM) que custodian el lugar, taquilleros y oficiales de seguridad privada que harían sentir orgulloso a cualquier mafioso.
“Mira, te voy a explicar. Si una entrada cuesta cincuenta bolívares en taquilla, a nosotros nos sale cada una en 90, porque aquí hay muchos que comen de esto”, comenta “Pedro”. Acto seguido, golpea los hombros con la punta de los dedos medio e índice y continúa: “el sargento te saca 20 por entrada y el taquillero te saca veinte por entrada. La segunda vez que haces la cola, el panita de V.I.P (la empresa de seguridad contratada por los Leones del Caracas) también quiere lo suyo. La Guardia Nacional busca su vacuna como a las 3, 4 de la tarde. Yo termino ganando 20 ó 30 bolívares por entrada y a veces me voy pa´ la casa con un poco de bichas frías”, subraya.
Cien metros al frente comienza la cola. Detrás de las estructuras se encuentran tres policías y personal de V.I.P. “¿Prensa? Vete de aquí panita, nosotros no tenemos nada que decir”, comenta uno de ellos. En un instante, comienza el movimiento delante y detrás de la cerca. Algo está por pasar.
“Se vale to´”
Del lado oeste de la taquilla se escucha la escopeta de perdigones de uno de los PM. A su lado, cuatro personas en silla de ruedas y un invidente suplican que los dejen pasar, que sus discapacidades les impiden realizar la fila. El oficial abre las rejas metálicas, y los cinco hombres ingresan al área restringida donde se expenden los boletos. Paralelamente, el disparo dispersa a todos aquellos que se encuentran recostados a la reja frontal de acceso. En un abrir y cerrar de ojos, el empleado de V.I.P. recibe algo en su mano y abre discretamente la reja para que dos personas puedan pasar. “Coleados, coleados, ¡epa!”, grita la gente que presencia el espectáculo. Sus quejas no valen de nada. La maniobra fue fríamente concebida para que esos sujetos entraran.
“Alexis” es uno de esos que logró burlar la cola “mojándole la mano” al personal de seguridad del estadio. Veinte minutos después, tiene 30 entradas de silla en la mano, listas para que cualquier persona que no quiera tomarse la molestia de realizar la cola pueda adquirir, eso sí, a su nuevo precio. “Se vale to´ para conseguir los boletos. ¿El cieguito? ¿Qué va a hacer un ciego en el estadio, chico? Ese pana las revende también, y todo el mundo aquí lo sabe”, comenta en su tono bonachón, mientras cuatro chicas negocian con él, a ver si les puede dejar los pases en 120 Bs F. cada uno.
Una familia de cuatro personas que desee ver el partido entre los “eternos rivales”, debe desembolsar, vía reventa, el equivalente a un salario mínimo mensual para presenciar el encuentro en el estadio. “La clase media tiene que hacer la cola si quiere ir al juego de pelota”, explica el presidente de la LVPB, José Grasso Vecchio. “Estamos dejando por fuera a un gran segmento de la población, y eso pasa porque existe complicidad entre revendedores y policías al momento de adquirir las entradas”. La reventa ha llegado a niveles de organización sin paralelo “El año que viene vamos a tener una cooperativa y nos van a asignar boletos y todo, brother. Así no hay que estar pagando vacunas y yo me gano la vida honestamente -declara “Juan” entre risas. Esa es la manera de que todos vayan al estadio, porque no te van a salir al triple, sino tal vez al doble”.
Grasso Vecchio, que también es economista, demuestra que legalizar la reventa no es la solución al problema. “Con un salario de clase media no puedes llevar a tus dos muchachos al juego pagando el doble del valor de un boleto. La liga ajusta los precios para hacerlos accesibles a toda la población y al alterar, en cualquier fracción, el valor de la entrada, le cierras la puerta del estadio a las clases medias y bajas”
Buscando soluciones
Hasta ahora la única solución factible, propuesta por las autoridades de la liga, a corto y mediano plazo es la propagación de nuevos puntos de ventas de entradas alrededor de las ciudades con equipos de béisbol. De esta forma se lograría descentralizar la distribución y dificultaría en cierta medida el trabajo de los revendedores.
Otras propuestas hechas en el seno de la liga son la ampliación de los estadios enfocándose principalmente en el caso Leones-Tiburones, quienes comparten el Estadio Universitario, ubicado en las adyacencias de la UCV. Según el propio presidente de la liga “Caracas tiene casi 4 mil abonados y hay sólo 7 mil sillas en el Universitario” lo cual dejaría para el aficionado común, aquel que va esporádicamente, sólo 3 mil sillas.
Estos números colocan claramente a este aficionado que va quizás una o dos veces al estadio por temporada en clara desventaja y mas aún si le agregamos los números que José Grasso Vecchio maneja, acerca de la reventa en Caracas, los cuales dicen que el 60% de esas sillas excedentes, 3 mil en promedio, son controladas en este momento por revendedores.
Magallanes amplió al José Bernardo Pérez colocándo unas 5 mil sillas nuevas lo cual logró considerablemente una reducción de la cantidad de revendedores en Valencia. Sin embargo en el caso capitalino, por limitaciones impuestas por la UNESCO a las instalaciones que pertenezcan al Patrimonio Cultural de la Humanidad como lo es la Ciudad Universitaria, impide que se realicen mayores ampliaciones al estadio de Caracas.
Los leones dentro de la cueva
El equipo de la capital es el que a nivel nacional tiene mayores problemas con las entradas revendidas, la nueva fanaticada más el incremento en la población de la ciudad y los buenos registros alcanzados por el equipo en la temporada en curso hacen más atractivo el béisbol para una mayor cantidad de personas.
Las reacciones inmediatas nos las explica Richard Vera, Coordinador de atención al fanático de Leones del Caracas, “hemos dispersado la concentración de boletos y reabrimos la venta propia en la taquilla de nuestra tienda en el Centro Comercial El Recreo” además de la propuesta de tuticket.com con la que le permiten al usuario comprar entradas vía Internet.
Sin embargo estas medidas no parecen modificar significativamente la realidad durante las colas que se hacen frente al estadio para comprar las entradas para los juegos, si tomamos en cuenta lo dicho por el presidente de la liga, un 60 % de las entradas no abonadas están en control de los revendedores.
La figura de los abonados es vista por Richard Vera como “alternativa para el fanático fiel, que siempre va a los juegos, y nosotros ponemos los boletos a un menor precio para ese mercado”. Sin embargo eso reduce considerablemente y gracias al poco espacio en el Universitario, la cantidad de sillas para el aficionado común.
El equipo cuenta con la ayuda de organismos privados y públicos en el momento de la venta de entradas. Aunque Richard Vera considera que la labor de las policías ha sido muy intermitente lo cual no ha permitido realizar planes serios de prevención y solo se toman medidas reactivas.
Es por ello que esperan contar con nuevos mecanismos de seguridad para la temporada que viene, que permita realizar planes a mediano y largo plazo, que eviten que la reventa de entradas afecte de forma tan masiva como ha ocurrido en los últimos años.
Sin embargo Richard Vera admite que es “hasta allí podemos llegar, puesto que muchas sillas se otorgan por la vía del convenio”, lo cual deja de manos atadas nuevamente a las autoridades y ponen al espectador a esperar hasta que se tomen medidas al respecto.
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